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Confinamiento y Recibos Escolares

Arturo Canalda -Abogado-
Publicado por en Opinión ·
Una de las cuestiones que más me preguntan mis clientes en estos días es si los padres deben pagar los recibos que les giren los colegios en los meses en los que la actividad de los centros escolares está paralizada. La respuesta es, necesariamente, SI.

Pero con algunos matices:

En primer lugar, los centros escolares están girando recibos adaptados a la nueva situación y lo habitual es que aquellas actividades o servicios que no pueden prestarse, no se cobren. Por ejemplo el comedor, la ruta escolar, o la clase de piano, evidentemente no se están prestando y por lo tanto no deben facturarse en el recibo mensual.

Sin embargo, hay otra serie de clases o servicios extraescolares que sí pueden impartirse de forma diferente a la habitual mediante videoconferencia, plataforma escolar, o sistemas de educación a distancia. Así, por ejemplo, los refuerzos de inglés, de matemáticas y de lengua, que habitualmente se facturan como servicios extraescolares, pueden impartirse de forma telemática y, por lo tanto, teniendo en cuenta que son servicios efectivamente prestados, no habría ningún inconveniente en que se pasaran en el recibo correspondiente.

Lo que debería ser indiscutible es que el recibo corriente por "escolaridad" (en los centros privados, que son los únicos que pueden girar este recibo) puede y debe ser facturado a los padres.

Esta terrible realidad del Covid19 que nos ha tocado vivir, ha supuesto una total paralización de la mayoría de los servicios y un cambio radical en la prestación de otros, la educación incluida. Los centros escolares deben seguir prestando ese servicio a distancia y deben aportar a nuestros hijos los contenidos necesarios para sacar razonablemente bien el curso. Sería muy bueno que los colegios, mientras dure esta situación, remitan a los padres y a los alumnos un programa semanal por asignatura, donde se especifique claramente qué deben hacer los alumnos, y de dónde deben obtener los materiales o contenidos a estudiar: de los libros, con sus páginas y epígrafes claramente detalladas, en apuntes que remitan los profesores, a través de la plataforma habilitada por el colegio, etc.

Cada viernes, los profesores podrían realizar un pequeño control a los alumnos que les permitiera verificar que los chavales han estudiado y trabajado y, al mismo tiempo, que les sirviera como instrumento de evaluación continua del alumnado. Con ello, los centros educativos conseguirán tres objetivos fundamentalmente:

1.- Que los padres se conciencien de que desde el colegio se trabaja -aunque sea a distancia- se imparten conocimientos a sus hijos y, por lo tanto, están pagando por servicios efectivamente prestados. Además conocerán qué servicios se corresponden con la enseñanza básica reglada y qué servicios se prestan como actividades extraescolares.

2.- Que los chavales sepan qué tienen que hacer cada semana de forma reglada y sin distracciones. No hay nada peor que no saber qué hacer, cómo hacerlo y cuándo hacerlo. Si los chicos saben que tienen que hacer unas actividades por la mañana con un horario más o menos regular y que todos los días es igual, no habrá posibilidad de "perderse" en actividades ajenas y, además, ayudará a los padres que tienen que compartir el hogar teletrabajando con ellos.

3.- Que el colegio disponga de herramientas para evaluar a los chicos al finalizar el curso escolar, con independencia de si vuelven o no vuelven a las aulas. Es fundamental disponer de criterios elementales que permitan saber cómo han desempeñado su trabajo los chicos en casa y al mismo tiempo, que permita a los centros escolares otorgar una nota a los alumnos.

Esas pautas ayudarían, y nadie discutiría que los centros escolares están trabajando activamente en la impartición de contenidos y que, por lo tanto, los servicios por los que mensualmente pagan los padres, estarían plenamente justificados y nadie estaría "legitimado" para devolver el recibo del colegio amparado en que no paga por lo que no se hace. Otra cosa bien distinta es si, con motivo de esta crisis, algunas familias han visto truncadas todas sus expectativas de ingresos y son incapaces de afrontar el gasto escolar de sus hijos. En estos casos, habría que habilitar mecanismos de ayuda específicos y adaptados a cada situacion.

Las AMPAS deben ser especialmente cuidadosas y NO hacer propuestas "rompedoras" que animen a los padres a no pagar los recibos, como algunas están haciendo. Es un error de consecuencias colosales que puede producir un efecto dominó que nadie desea. El verdadero papel de las AMPAS no es incitar a la rebelión contra los recibos de escolaridad o de las actividades extraescolares (cuando han sido efectivamente prestadas). El papel de las AMPAS es saber detectar aquellas familias que lo están pasando mal para prestarles toda la ayuda necesaria. No hacerlo así llevará irremediablemente al cierre de muchos colegios por falta de ingresos para su subsistencia y los padres no podemos ser los responsables de ello. En estas situaciones todos tenemos que remar en la misma dirección.

Arturo Canalda
Abogado


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